Declaraciones
de los organizadores del congreso de Valencia referidas a aspectos básicos para
un debate sobre infancia y medios de comunicación.
A) Aspectos
básicos para una reflexión
Conocer y
controlar las influencias de los Medios de Comunicación de Masas (MCM) sobre el
conjunto de los miembros de la sociedad y sobre los niños en particular, son
preocupaciones que se han generalizado entre las familias, los educadores, los
científicos sociales y las autoridades públicas. Esas preocupaciones han
crecido ininterrumpidamente en los últimos treinta años, coincidiendo con la
progresiva penetración de la imagen y la palabra mediada en todos los ámbitos
de la vida privada y pública: sobre todo, en el vehículo de la televisión
familiar.
La
inversión realizada para identificar y evaluar los efectos de los MCM,
representa el mayor volumen presupuestario que se haya utilizado en ciencias
sociales para investigar la formación y el cambio de las ideas, de las
opiniones, de los valores sociales, de las relaciones sociales y de los
comportamientos. Como consecuencia del saber acumulado en estos treinta años,
sabemos algunas cosas que es necesario subrayar antes de cualquier propuesta
que haga referencia al uso social de los MCM.
Los
efectos de los MCM sobre los niños son de naturaleza diversa y se les encuentra
a nivel de los procesos cognitivos, axiológicos, educativos de la socialización
y de la interacción.
Los
efectos son diferentes según cual sea la edad que tenga el niño. Hasta los
cuatro años; entre los cuatro y los siete años; desde los siete a los nueve y
entre los diez y los trece; y de los catorce a los dieciséis, se han
contrastado procesos diferenciados de respuesta a los MCM.
Algunos
efectos son positivos; por ejemplo, la ampliación de fuentes de datos sobre el
mundo; otros negativos, por ejemplo la reducción del tiempo que los niños
dedican a jugar con otros niños.
Sabemos
que tanto en sus efectos positivos como negativos, los MCM raramente son la
causa única, o la causa directa. Por eso, sería un error tratar de diseñar
políticas de uso social de los medios y con mayor razón diseñar políticas
aisladas de uso de los MCM audiovisuales. Lo correcto es integrar la
intervención sobre los MCM audiovisuales, en un marco de políticas de
enculturización; relacionando los efectos atribuibles a los MCM en los niños,
con el influjo solidario o alternativo de la escuela, la familia, los otros
niños.
Debemos de
reconocer que esa dinámica tan compleja apenas resulta conocida, y que en
aspectos tan cruciales como el tratamiento de la violencia o la difusión de los
conocimientos escolares, entre otros muchos, no existe el menor acuerdo entre
los investigadores sobre como actúan y que consecuencias derivan de la
exposición de los niños a los MCM.
Por otra
parte, aunque los comunicadores, los profesores y los organismos públicos, a
veces tienen una idea concreta de los espacios y de los contenidos destinados a
los mismos, la intervención exclusiva sobre esos contextos y esos productos
infantiles es muy insuficiente. En los niños influye el conjunto de la
producción mediada, incluida la que se tendría por más específica de los
adultos. Es evidente la imposibilidad de ejercer una acción que preserve a los
niños de los efectos indeseables, actuando solamente sobre el material que les
está destinado.
En todo
caso hay acciones que sería necesario realizar para evitar algunas
consecuencias disfuncionales que están bien comprobadas. Por ejemplo, la
difusión del prejuicio a la asimilación acústica de la información por parte de
los pequeños no podrán ser efectivas exclusivamente con las intervenciones que
están al alcance de los poderes públicos, de los educadores y de la familia; ni
cada instancia, por ser parte, ni todas ellas en su conjunto. La producción y
el consumo de materiales audiovisuales está ya irreversiblemente integrado con
la organización económica y cotidiana de la sociedad y sería muy ingenuo
suponer que se podrían excluir las
consecuencias cuando no se está en condiciones de transformar radicalmente las
causas.
Finalmente,
conviene dejar constancia en esta reflexión de que en estos momentos se está
produciendo una transformación importante, todavía en curso, en el uso de los
MCM. Este cambio tiene que ver con la progresiva integración entre los sistemas
icónicos, acústicos, informacionales, cuyo resultado previsible sería una
redifinición de las actividades lúdicas, educativas, productivas que va a afectar
a las formas de vida y a la división de tareas que actualmente existe, tanto en
el hogar como en la escuela y en el centro de trabajo. En consecuencia, muchas
de las respuestas que derivan de una época preocupada, sobre todo por la
influencia de la TV entre los pequeños, van a tener que ser revisadas, a medida
que se vaya generalizando transformaciones tales como el recurso al ordenador
para jugar, aprender y comunicarse.
B)
Manifiesto sobre la infancia y los medios de comunicación audiovisual.
Los medios
audiovisuales son en la actualidad instrumentos esenciales en la información y
formación de niños y jóvenes. Proporcionan nuevas oportunidades para el
aprendizaje; desarrollan nuevos lenguajes; y pueden potenciar nuevos modos de
relación social. De aquí que sea cada vez más necesaria una toma de conciencia
individual y colectiva sobre sus funciones, efectos y potencialidades, y que
comunicadores , educadores padres y ciudadanos en general se responsabilicen
activamente para adecuar su uso a los fines generales de la sociedad.
En este
sentido, el presente documento quiere contribuir a la responsabilización
general, recogiendo algunas de las preocupaciones y aspiraciones que en estos
momentos resultan fundamentales, sin por ello olvidar las importantes
aportaciones positivas que los medios audiovisuales tienen y pueden tener en
los procesos de socialización, especialmente si se desarrollan con ellos
actitudes activas, lúdicas y creativas.
1. Los MCA
deben orientarse en general, pero especialmente en relación con niños y
jóvenes, hacia la construcción de una cultura democrática en la que se
promuevan los Derechos Humanos y los acuerdos contenidos en la Convención sobre
Derechos de la Infancia de las Naciones Unidas.
2. Los
niños y jóvenes tienen derecho a disponer de su propio espacio en los MCA de
forma participativa y creativa. Los Medios de Comunicación Audiovisual deben
informar sobre el mundo de los niños y jóvenes con veracidad y honestidad.
Huyendo tanto del idealismo paternalista como de los estereotipos
apocalípticos. Para ello es fundamental potenciar la libre expresión de los
jóvenes y el respeto a sus puntos de vista. Y también, cuidar de que los medios
promuevan los auténticos intereses de niños y jóvenes, su creatividad y su afán
exploratorio y crítico.
3. En
función de la sensibilidad y conciencia de los niños y jóvenes, corresponde a
los comunicadores la responsabilidad sobre los contenidos, los efectos y las
consecuencias de la totalidad de los mensajes que emiten, y no sólo sobre los
infantiles y juveniles.
4.- La
responsabilidad social sobre los mensajes debe ser especial en el sector
público de la comunicación, que tiene que dedicar inversiones y energías
suficientes para cumplir adecuadamente su función. Pero, de ningún modo, esa
responsabilidad puede ser evadida por los medios de titularidad privada.
Corresponde a los poderes públicos la adecuada regulación de las condiciones en
que debe ser reclamada dicha responsabilidad, y a los ciudadanos en general la
participación activa en su control y seguimiento.
5. Los
padres y las familias en general deben intervenir activamente tanto en el
sistema de medios como en el uso que sus niños y jóvenes hagan de los mismos,
desterrando actitudes de abandono o tolerancia pasiva, Sólo así se asegurará la
integración de los medios en un proyecto educativo más amplio.
6. A los
educadores, en cooperación con los comunicadores, les corresponde poner en
marcha un sistema activo que se oriente a realizar las siguientes tareas
ineludibles en relación con los MCA:
-La
formación de una conciencia lúcida y crítica ante los medios audiovisuales que
permita el mejor aprovechamiento de sus posibilidades y convierta a niños y
jóvenes en usuarios activos y conscientes de los medios, comprendiendo sus
códigos y lenguajes.
-La
educación para el consumo razonable de bienes y servicios que compense el flujo
de mensajes comerciales que inducen al consumismo y a la pasividad.
-La
capacitación de niños y jóvenes para el uso de los medios audiovisuales en el
ejercicio de la libre expresión y creación.
7. A los
responsables políticos les corresponde fomentar el contacto entre el sistema
educativo y el sistema de los medios de comunicación audiovisuales como
complemento necesario de una formación cívica adecuada.
8. A las
asociaciones ciudadanas corresponde la defensa de los derechos de niños y
jóvenes como usuarios y consumidores de los medios de comunicación
audiovisuales.
9. A los
investigadores les corresponde la responsabilidad de aumentar el conocimiento
sobre los medios de comunicación audiovisuales y la exploración y creación de
nuevos mensajes, usos y tecnologías.
10. Todas
estas propuestas se enmarcan en la tarea general de mejora de la calidad de los
mensajes audiovisuales, del sistema de medios en general y de sus usos
sociales. En el supuesto de que haciéndolo así se contribuye al enriquecimiento
de la dignidad individual de niños y jóvenes y de las formas de convivencia
humana.
Valencia
31 de Enero de 1991